Para curar primero hay que investigar. Gracias a la investigación, hemos contribuido a que el éxito terapéutico en algunos tumores haya pasado del 25% al 75% de los casos.

Esto nos anima a seguir promoviendo la aplicación de los adelantos científicos en la práctica médica con el fin de encontrar soluciones para quienes todavía no existe alternativa terapéutica.

Siguiendo un modelo de investigación traslacional (de interacción entre la investigación básica y la clínica), conseguimos que los pacientes se beneficien de los avances contra el cáncer de forma rápida y directa.

Gracias a las aportaciones de particulares y en colaboración con las instituciones públicas y privadas, el área de investigación de “Niños contra el Cáncer” tiene en marcha las siguientes líneas de investigación.

Predicción de metástasis

Identificando marcadores que predicen el desarrollo de la metástasis podríamos estratificar los pacientes de acuerdo a su riesgo, intensificar los tratamientos o su duración, y ahorrar protocolos dolorosos, caros y que afectan a la salud del niño, en quienes no los necesiten.

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A lo largo de los últimos 50 años hemos asistido a un cambio espectacular en el panorama del pronóstico de los tumores malignos en edades pediátricas. En los años 60 las cifras de curación a 5 años eran del 35%, y ahora rozamos unas cifras de curación del 80% de casos diagnosticados. Este cambio ha sido posible gracias al enorme esfuerzo investigador realizado en el estudio de la biología de cada tumor. Además, un paso fundamental ha sido la creación de grupos de trabajo que han permitido juntar series muy numerosas de casos en enfermedades que de forma habitual son muy poco prevalentes. De estos estudios se han obtenido datos fundamentales que nos permiten hoy en día situar cada una de las entidades malignas en su dimensión real de prevalencia, y, por lo tanto, detectar incrementos anormales de incidencia, como en el caso de la explosión de Chernobil y el consiguiente incremento de carcinomas de tiroides en niños.

El conocimiento de la historia natural de las enfermedades resulta fundamental a la hora de diseñar el tratamiento más adecuado. Las enfermedades tienen comportamientos biológicos propios y los tratamientos deben estar adecuados a dichos comportamientos. Hay enfermedades que diseminan hacia el pulmón, como el osteosarcoma, otras progresan por vía ganglionar, como el Hodgkin, mientras que otras tienden a infiltrar el sistema nervioso central, como la leucemia linfoblástica. Obviamente los tratamientos deben contemplar estas peculiaridades y estar diseñados para contrarrestar adecuadamente estas posibilidades.

Por otra parte, los tratamientos difieren de forma importante dependiendo del tipo tumoral que estemos tratando. Existen grandes diferencias entre el tratamiento de los tumores hematológicos y los tumores sólidos. Unos necesitan radioterapia y otros no. Y también las pautas de quimioterapia son cada día más específicas para cada tipo de tumor. Además, la elevada toxicidad de los tratamientos hace que estén muy ajustados a cada caso con objeto de evitar toxicidad innecesaria. Éste es uno de los puntos de investigación más importante.

Los estudios iniciales se centraron en los factores biológicos poblacionales. En la segunda fase se estudiaron factores biológicos de respuesta del paciente. En la actualidad también se ha dado un salto hacia los estudios de biología molecular. Estamos tratando de relacionar el pronóstico de un determinado tumor con sus mecanismos más sutiles de carcinogénesis y/o capacidad de metastatización a nivel molecular. Estamos estudiando la respuesta a los tratamientos en relación con las propias vías metabólicas del paciente o con la capacidad de quimiorresistencia que muestren sus células tumorales. En resumen, estamos tratando de establecer un perfil pronóstico individualizado a cada paciente y a cada tumor.

Análisis de la toxicidad y eficacia de los tratamientos antitumorales en niños

Debido a diferencias genéticas el tipo de respuesta a los fármacos antitumorales es diferente.

La identificación de estas variantes genéticas permitirá hacer un tratamiento más personalizado, evitando que los pacientes oncológicos infantiles de hoy se conviertan en adultos con enfermedades crónicas ocasionadas por los tratamientos recibidos.

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Si bien es verdad que hemos progresado de forma asombrosa en la curación del cáncer infantil, también es cierto que las características de los tratamientos empleados han determinado una elevada incidencia de efectos secundarios no deseados en los pacientes, algo de especial relevancia en la infancia dado que el niño es un ser en crecimiento.

Los efectos secundarios no siempre tienen una presentación inmediata. En muchas ocasiones aparecen a los años de haber finalizado los tratamientos. Esto determina la necesidad de realizar seguimientos muy prolongados. Incluso cuando queda clara la total curación del paciente y no quedan reservas sobre posibles recidivas seguirá siendo necesario realizarse controles en la consulta de ‘seguimiento a largo plazo’.

Desde el comienzo de nuestro trabajo hemos tenido una especial sensibilidad por este apartado tan propio de la Oncología Pediátrica, y hemos volcado nuestros esfuerzos en investigar formas que o bien evitaran o bien de alguna forma paliaran los efectos secundarios a largo plazo.

Un gran avance en el conocimiento global ha sido la información obtenida a partir de los grandes grupos colaborativos; nosotros hemos participado en el grupo español, que trabaja en conjunto con grupos internacionales entre los que destacan la SIOP (Europa) y el COG (EE.UU.)

También, y como consecuencia de la investigación realizada, se han establecido pautas de seguimiento bien diseñadas para determinar en cada momento la aparición de un posible efecto secundario y evitar molestas exploraciones inadecuadas. Hay que señalar que, aunque las posibilidades de efectos secundarios son muy elevadas, en la actualidad, gracias al buen trabajo desarrollado previamente, la incidencia está disminuyendo de forma muy significativa y muchas de las lesiones clásicas ya son sólo un recuerdo del pasado.

Entre los aspectos trabajados en los estudios caben destacar los efectos endocrinológicos, las alteraciones en la nutrición, las alteraciones en la eritropoyesis, las alteraciones en el crecimiento, la conservación de la imagen corporal evitando cirugías que impliquen desarticulaciones, el estudio y prevención de lesiones cerebrales inducidas por los tratamientos, cuidados relacionados con la infección secundaria y la reproducción humana y la conservación de la vida fetal en madres sometidas a quimioterapia, entre otros.

Nuevas terapias

Hasta el momento la curación de los sarcomas infantiles se sitúa en torno al 75%. Es necesario desarrollar nuevas estrategias que mejoren esta tasa.

Estamos estudiando terapias basadas en el uso de adenovirus oncolíticos (virus inocuos que se replican y matan de forma selectiva la célula tumoral), investigando formas de inmunoterapia, y explorando otras vías de administración de la quimioterapia (como por ejemplo a través de nanoparticulas) para aumentar su eficacia y disminuir su toxicidad.

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